¿Quién soy?


Para mi esta es la gran pregunta.

Y podría contestar: Rocío Lapuente; pero ese es mi nombre.

Podría decir que soy una mujer; pero ese el sexo de mi cuerpo.

Podría decir que soy madre de dos hijas preciosas, que hoy son dos mujeres increíbles, bellas por dentro y por fuera, inteligentes, resueltas y capaces de sacar adelante todo lo que se proponen; pero esa es una función biológica y social.

Podría decir que soy murciana, pero eso hace referencia a la ciudad en la que nací: Murcia, en el sureste de España.

Podría contestar que soy química, pero esa es la carrera universitaria que estudié.

Podría decir que soy Doctora en Ciencias químicas, pero eso es el nivel de mis estudios universitarios.

Podría decir tantas cosas, pero nada en concreto podría definir quién soy.

Lo que soy es mucho más que todo eso, como pasa contigo; igual. Pero tenemos un conflicto identitario muy profundo que hace que confundamos quien soy con lo que hago, donde nací, que estudié, que aficiones tengo, etc.

Por otra parte siento que, desde mi visión química, un ser humano podría definirse a través de 6,022 1023 variables. Este valor se corresponde con el Número de Avogadro e indica la cantidad de moléculas físicas reales dentro de un mol; que es la cantidad macroscópica de masa que manejamos. Y tomando esta referencia, somos indefinibles.

De lo único que podemos hablar es de lo que manifestamos como expresión de lo que somos.

Realmente lo que me guía en mi vida es descubrir quién soy; y en esa búsqueda he contado con una característica que me acompaña desde siempre; la curiosidad.

La curiosidad ha guiado mi vida, la búsqueda de conocer, de saber de entender por qué ocurren las cosas. Y eso me llevo a estudiar química. Aún recuerdo la fascinación que me produjo el encuentro con la química, la sorpresa, el asombro y la admiración por la profesora que me la dio a conocer en el colegio.

A través de la química pude comprender el origen de muchas cosas que observaba en la vida. Me encanta la química, definida como la ciencia de la transformación de la materia. En ese concepto entra el cambio, la posibilidad de transformar las cosas. El aprendizaje de la química ha dado mucho sentido a todo lo que hago hoy en día. Tengo la certeza de que la visión que tengo del mundo no sería la misma si no hubiese estudiado químicas.

Así que estudié Química en la Universidad e hice mi Tesis Doctoral. Eso me abrió las puertas a la docencia, que es algo que me encanta. Como docente en la Universidad impartí clases de química a los ingenieros civiles, ingenieros de caminos y arquitectos. En principio estos alumnos no están muy interesados en la química y para mi supuso todo un reto hacerles fácil y útil la materia que a mi tanto me gusta.

A través de mi propia experiencia y la de mis alumnos, tomé conciencia de la importancia que tiene, en todos los aspectos de la vida, el estado emocional de la persona. A menudo mis alumnos acudían al despacho a resolver dudas y podía observar que su falta de comprensión de los temas de clase, era debida a su estado emocional.

Cuando me surgió la oportunidad de estudiar y conocer herramientas para comprender el origen de los conflictos emocionales, para mí, se abrió una enorme puerta a la comprensión. Eso satisfizo mi curiosidad y me ha permitido hacer mis propios cambios y acompañar a otros a hacerlos.

Porque la vida es un proyecto debe ser el gran proyecto de cada uno, como la Tesis Doctoral, y por esta razón se puede aplicar el método científico. Además, la vida es una ciencia experimental, si no se siente no se comprende, si no se experimenta no se integra lo aprendido, como en la química.

Y comprendo lo que soy en base a ideas anteriores a la química, la alquimia.

Los alquimistas buscaban la piedra filosofal, esa sustancia capaz de transmutar el plomo en oro, que solo se puede hacer  usando la energía nuclear. La definición de energía nuclear es: la fuerza mayor que se conoce y cuya naturaleza es desconocida, y que mantiene unidos a los protones y neutrones en el núcleo.

Esa definición se corresponde con lo que es el amor. Por lo tanto el reactivo universal para transmutar el plomo en oro es el amor.

Dentro de cada ser humano está el tesoro de quien somos realmente, y solo el amor permite quitar lo que sobra para dejar que salga nuestra esencia. Y así poco a poco voy manifestando más y más quien soy. Y voy cambiando, siendo cada vez más auténtica y coherente en lo que vivo.

En definitiva, podría concluir que

Soy una investigadora de la vida y tengo como objetivo el acompañar a  sacar el oro que hay dentro de cada ser humano, para que viva la mejor experiencia dentro de esta existencia.