Pide y se te dará. El estanque de Marcela.


Hoy es jueves y estoy en la finca de Marcela desde el lunes por la noche. Es un lugar precioso en plena naturaleza, alejado de todo tipo de ruido y contaminación lumínica. Las noches son espectaculares. En la finca hay varias casas: está la suya y otras construcciones; una, donde está su estudio y otras, en las que se pueden alojar más personas de forma independiente.

Ya había estado aquí 10 días antes y había observado que en su estanque habían florecido dos preciosos nenúfares; y también, que en ese estanque, había restos muertos de otras plantas flotando sobre su superficie. Ella me dijo que había tenido jacintos de agua y que esos restos había que sacarlos, pero que no tenía tiempo de ocuparse de tantas cosas.

Yo no tenía muy claro que realmente ella quisiera que esos restos de los jacintos desaparecieron del estanque, pero la tarde del miércoles, paseando por el jardín con ella me dijo que si, que eso había que quitarlo y que además había que quitar algunas de las plantas que habían salido de forma espontánea alrededor de ese estanque.

Ella tiene un precioso jardín lleno de plantas autóctonas donde se combinan, lo que podríamos llamar malas hierbas, con otras que son muy bonitas como margaritas, lirios silvestres, romero, tomillo etc. Me dijo que había algunas que ella quitaba y que otras no; pero no me quedó muy claro cuales eran las que ella quería quitar. Lo que sí que me quedó claro la tarde del miércoles es que esos jacintos muertos que flotaban sobre la superficie del estanque, para ella, deberían desaparecer.

La mañana del jueves yendo de una casita a la otra, dentro de la finca, observé que los nenúfares habían florecido y me acerqué a fotografiarlos y se me hizo evidente la presencia de esos jacintos muertos flotando.

Encontré al lado del estanque unas cañas largas; tome una de ellas e introduje la punta debajo de uno de esos jacintos muertos flotantes. Lo levanté un poco y tire suavemente hacia arriba y me di cuenta que se había quedado enganchado en la punta de la caña. 

Contenta por el resultado obtenido decidí “pescar” los jacintos.  Y con la caña pude ir sacando los más voluminosos. Fue realmente fácil hasta que los voluminosos se fueron terminando y quedaron otros más pequeños. Entonces imaginé que si tuviera una herramienta a modo de rastrillo o de punta curvada podría arrastrar los más pequeños hasta el borde y los podría sacar. 

Realmente no tenía ninguna herramienta a la mano, pero me imaginé barriendo la superficie del estanque. La tarde anterior había observado que había un recogedor cerca de una de las casas, y además el sol era cada vez más intenso. Me fui a buscar un sombrero amplio que también había visto en la cocina y al pasar encontré un palo metálico muy largo con una punta curvada. ¡Justo lo que había imaginado que me haría falta! Cubierta con mi sombrero y con mi palo en ristre fui a buscar el recogedor y con estas herramientas empecé a pescar los trozos más pequeños de los jacintos flotando sobre el estanque. 

La hazaña fue estupenda, cada vez era más fácil y más fácil dejar la superficie limpia; pero había pequeños trozos sueltos que se desprendía y no terminaba de conseguir el resultado que yo deseaba. 

Cuando acercaba el recogedor a la superficie del agua éste se llenaba de agua, y se volvía muy pesado; por lo tanto tenía que ir poco a poco escurriendo ese agua dentro del estanque, procurando que los jacintos no se escaparan y así dejarlo limpio. Si el recogedor hubiera tenido agujeros hubiera sido la herramienta perfecta; pero el recogedor tampoco era mío y no me pareció oportuno agujerearlo. Pensando en esto, me vino a la mente la imagen de cuando en la cocina se espuma el cocido en una olla. Si lo haces con una cuchara tienes que hacerlo muy muy muy sobre la superficie para poder sacar lo que está flotando; por eso la herramienta perfecta es una espumadera. Así que me fui a la cocina y cogí la espumadera y me las ingenié para sujetarla en la punta de la caña a modo de extensión del mango. Y obviamente utilice la caña porque el peso de la caña es muy inferior al de la barra metálica de la punta curva. Y claro, con esa herramienta pude dejar la superficie del estanque libre de todo resto de jacintos muertos.

Y entonces pensé que también podría haber limpiado las plantas que Marcela quería quitar.

Y me di cuenta de algo alucinante y muy evidente.

Pide y se te dará: pero pide con claridad. Yo en ese momento me estaba sintiendo como “Dios” (y ya veo tu sonrisa), podía concederle a Marcela sus deseos pero solo los que había expresado claramente.

Quería que su estanque estuviera libre de jacintos muertos: claro y preciso: Concedido!

Pero no me dijo claramente nada acerca de qué plantas quería que desaparecieran del borde del estanque,  y claro… yo no sabía cuales quitar.

Las herramientas no habrían sido para mí un problema, aparecen o se crean con imaginación; el problema era que yo no podía cumplir sus deseos si no estaban claramente formulados.

Y eso pasa con la vida. Ella había pedido ayuda y yo se la di, y había pedido el estanque limpio y yo se lo di. Pero por respeto a sus deseos no me atreví a quitar las plantas que yo consideraba que le podían estorbar, por qué no me hubiera gustado equivocarme en lo que ella quería,  interponer mi criterio en sus deseos.

Y creo que la vida habla igual. Es tan fácil….

Muchas veces solo es cuestión de poner orden y aclararnos. Vibrar con lo que deseamos porque la vida encuentra las herramientas para darnos lo que pedimos, si es bueno para nosotros. Y es tan fácil!!!!

Lo que me guió fue la imagen que yo creé en mi mente y la emoción asociada a ella: El estanque totalmente limpio y como yo me sentiría al contemplarlo.

Y mi aprendizaje ha sido que da igual que tengas las herramientas o no; porque si sabes lo que quieres conseguir vas a encontrar la forma de hacerlo. 

Y así es como funciona la vida; no hay que preocuparse de cómo van a ocurrir las cosas, simplemente tener la certeza de que aparecerá la forma adecuada para que ocurra: flexibilidad, creatividad, versatilidad e imaginación al poder. Y apertura en tu mente, porque lo que buscas puede estar muy cerca y no verlo. Cuando tu cambias y te abres, las soluciones que aparecen son diferentes …y todo surge, todo aparece.

Realmente todo está ahí, solo hace falta quitar los “velos” que te impide VER.

El único problema: permitirlo; sentirnos merecedores. Y cuando no lo sentimos, hay que mirar de donde viene esa historia, cambiarla y de nuevo formular nuestros deseos, sintiendo que lo merezco y Confiar.

REINICIA TU VIDA!

Porque la Vida SIEMPRE te da lo que pides.